Aproximaciones a la escultura de Omar Estela
por Raúl Santana - 1997

En el heterogéneo panorama de la escultura argentina actual, la obra de Omar Estela, no obstante sus esporádicas apariciones públicas, ya constituye una presencia inobviable. Su solitario camino, su - hasta cierto punto - elección de transitorio alejado de modas o imposiciones estéticas - esas que ciertos circuitos denominan
¨ lo actual ¨ - han determinado por dar a su escultura un definido carácter propio.
Sus indagaciones se han venido desplegando por los más variados materiales (granito, bronce, mármol, yeso
y madera ); aunque tal vez sea en la madera donde más se patentiza la potencia de su obra. Asistido por un solvente oficio, su escultura, casi siempre es el resultado de un moroso dialogo con la materia elegida, es decir, las intervenciones que el artista impone a los distintos materiales son fruto de una aguda colaboración con ellos, consciente de que en su visión, no se trata solo de decir, sino también de dejar decir.
Las formas de Omar Estela son cristalizaciones de un relato que nos muestra caras opuestas de una misma realidad. En la serie de ¨Sacrificios¨ es fácil adivinar - por la contundencia de la Obras - el drama y la degradación a que son sometidos el hombre y otras especies de la vida.
Sus maderas, en cambio, nos deparan una inspirada sorpresa pues, de la propia obra, surgen, con poderosa inventiva: herramientas o elementos de labranza; o retornan en un juego de duplicaciones deslumbrantes - algunas apariencias de la naturaleza : fragmentos vegetales aquí parecieran buscar su antiguo estadio componiendo significativas metáforas acerca de la creación.
En cualquiera de los casos se trata del momento de un proceso. En este sentido, si bien históricamente la escultura, hermanada a la eternidad, a venido desafiando al tiempo, en las extraordinarias obras de Omar Estela el tiempo es un gran protagonista que se ha inmiscuido para hacernos participar de un momento de transformación en el relato de dicha o desdicha que se evidencia en sus piezas.
La
Jangada, pieza única que presentó en 1997 en el Centro Cultural Recoleta, configura una magnifica síntesis de una historia de asechanzas, marchas y contramarchas que, el artista - consciente o inconscientemente - ha venido recorriendo en su singular camino.
Como en gran parte de la obra de Estela, también aquí el punto de partida ha sido un objeto de uso que abre y hace circular múltiples significaciones: las jangadas son esos troncos que, sobre todo en nuestro Litoral, viajan por el río, enviados hacia los obrajes : todo un símbolo de una época de nuestro país, también evocado en el cine y en la canción popular.
En otras ocasiones, el punto de partida ha sido la observación de utensilios : todavía podemos recordar la extraordinaria pieza que el artista expuso en el Museo de Arte Moderno de Bs. As. en 1994 que se titula
El banco de los migrantes. Se trata de una madera de casi siete metros de largo (una sola pieza) que representa un transfigurado Banco en el que se podía recorrer un relato visual : talladas, emergían de la madera, herramientas y otros signos que simbolizan inequívocamente ese largo capítulo que fue la inmigración de nuestro país; figuraciones y abstracciones se conjugaban haciendo alegoría en la potente horizontabilidad de aquella pieza cargada de quietud y silencio.
Otra vez en
Jangada vuelve el artista a poner en obra la horizontal, aunque aquí, lejos de la quietud, aparece otro anhelo : incorporar la dinámica de lo temporal, pues esta Jangada, aunque inmóvil, suspendida en sus parantes de acero, como las verdaderas jangadas, va.
¿ No es todo un desafío para un escultor evocar la contingencia temporal con la pesantez y el reposo de un tronco ; extraer el movimiento de esa masa dando cuerpo a la evanesencia del tiempo ?. ¿ Que más cambiante que un tronco viajando por el río, girando, recibiendo luces y sombras, apareciendo y desapareciendo ?.
Es obvio que éste ha sido el desafío que Omar Estela emprendió con su
Jangada. Y los tubos que iluminan sugestivamente la pieza desde abajo, ¿ serán una imaginativa representación del plateado y cambiante oleaje del río ?.
Quizá, como nunca antes, esta pieza paradigmatica exigió del artista el mas intenso dialogo con la indeterminación de la materia para extraer lo oculto interrogando ese ideograma cargado de distintas energías que logra desplegar en el entorno vacío.
Recorrer la pieza es asistir a las insinuaciones que atraen o rechazan la luz, según la lisura pulida de algunos tramos que adquieren una velocidad opuesta a las partes obsesivamente incididas por la gubia que retiene la luz en múltiples entradas y salidas; es percibir esas líneas que surcan la pieza imponiendo un juego de direcciones que continúa más allá, en el espacio; es encontrar significativas torsiones y esas muescas que como rupturas interrumpen la continuidad del tronco. Así, esta pieza mínima, en su mudez, con una más que esporádica observación, comienza a poblarse de un fantasmatico relato. Y en este relato, la forma, triunfante al fin, no es más que la suma de episodios que duran, aparecen y desaparecen, para evocar en su transfigurado resplandor la jangada, ese insignificante tronco que va por el río pero que, en la pieza de Omar Estela, esa pieza hecha de tiempo y espacio, sitia un lugar movilizando lo imponderable: lejos de lo profano,
Jangada adquiere la dimensión de lo sagrado.