La escultura que denuncia
por Alejandra Rodríguez Ballester I 
Clarín - Suplemento Ñ - Marzo 2006


Dos brazos en cruz, robustos, que terminan en dos manos talladas amorosamente (Escobillón).  Esa fue una de las primeras esculturas de Omar Estela.  Pero lo que desconcierta al espectador no es solo el trabajo sutil sobre la madera, sino el hecho de que el escultor decidió agregarle pelos, cerdas, a ese par de brazos abiertos.  Y lo que se ve es un objeto cotidiano: un escobillón.  Un escobillón humano.  A partir de allí no hay mucho más que decir, ese cruce es tan cruel como la vida, como la humillación, como las diversas servidumbres a las que está sujeto el ser humano.

Desde entonces, Omar Estela insiste en ese contrapunto entre lo solemne y lo cotidiano, en un gesto político que va en busca de un destinatario popular para su obra.  “Trato de evitar que mi escultura de entrada parezca una escultura.  Ese momento de incertidumbre, en el que todavía no se reconoce como tal, es el espacio de creación del que la está contemplando”, explica Omar, que en este mes presenta una retrospectiva  en el Museo de Arte e Industria de Roubaix, Francia, que se llama, precisamente, “Del objeto a la escultura”.  Allí se muestra, por ejemplo, un bagre esculpido en mármol junto a una rejilla (Bagre); un cordero, también en mármol, sobre una carretilla de campo (Cordero); una lata de conserva cerrada por un candado (Lata candado); una mesa de lapacho, cuya parte superior parece elevarse, mutar artísticamente en rebeldía con su condición útil (Mesa que eleva). Ese mismo interés por la mirada de la gente común es lo que llevó a Omar Estela a crear el Museo Urbano junto con un grupo de plásticos y gente vinculada al arte.  “La idea es usar la ciudad como un espacio donde mostrar obra.  El arte tiene un círculo burocrático que se retroalimenta; queremos abrir ese circuito formado por los sectores pudientes, los coleccionistas y el Estado. Hacer un museo de artistas en busca del público”, explica.  Así, el Museo Urbano expone en sedes itinerantes y efímeras: vidrieras de locales en alquiler, edificios a demoler, edificios públicos.  Entre los próximos lugares de exposición figuran una imprenta en Rocamora al 4000 y el Hospital Vélez Sarsfield, en Devoto.  Entre los artistas que participan están Félix Rodríguez, Héctor Meana y Tomás Fracchia, el fotógrafo Marcos Zimmerman y hasta hay obra de Víctor Grippo.

También en marzo, Omar Estela participará de la exposición “30 años, estéticas de la memoria”, en el Recoleta, con la obra Autores ideológicos, donde descuartiza un Falcon usado en la represión ilegal, disecciona las distintas partes que conformaron esa máquina de matar, con la idea de recordar el apoyo que el poder económico dio a la dictadura.  Estela trabajó aquí con cuatro artistas jóvenes: Javier Bernasconi, Marcela Oliva, Luciano Parodi y Marcelo Montanari.

“La función del arte es desocultar.  ¿Por qué se usó el Falcon, el auto de la familia argentina, para la represión?. Porque hubo una relación entre la Ford y los servicios de inteligencia.  Porque había un centro de detención en Ford”, dice Estela, que recuerda que el corresponsal de The New York Times, Larry Rohter, publicó en 2002 las torturas de 25 operarios en la planta de Ford en Pacheco, lo que motivó una demanda judicial contra la empresa en Estados Unidos.  Omar cuenta que la policía puso a la venta los Falcon de la represión (hasta intentó hacer una subasta pública, como denunció Clarín en marzo de 2003) y éste fue comprado por los artistas en Automotores Alejandro, la concesionaria donde se vendió la Traffic usada en el atentado de la AMIA.  “En el espejito llevaba colgado el rosario”, subraya Estela, para quien el hecho de haber evitado que el auto lo comprara un particular permite que su historia no sea silenciada, recuperarlo para la memoria.

 

ESTELA BASICO

BUENOS AIRES 1949.  ESCULTOR

Subraya que no se presenta en premios ni concursos, aunque el es jurado en ellos.  Tampoco tiene galerista  porque dice que su obra no tiene como objetivo el mercado.  Pero produce objetos de diseño y joyas que sí tienen un fin comercial.  Su primera muestra fue en 1979, en la galería de Alberto Elía, donde participaban Clorindo Testa y Libero Badii.  Sus últimas exposiciones fueron en Casa FOA, en el Museo Sívori y en el Centro Cultural Recoleta.  En este último y en la Escuela de la Cárcova dirige el taller de escultura. Una de sus obras, Argentavis, está frente al “rulero”, en Libertador y 9 de Julio.