Sacar a la luz lo oculto de la materia
por Raúl Santana
Texto referido a la muestra  Epifania de la materia  - Centro Cultural Recoleta - Septiembre 2000

Cuando Omar Estela -mediante una conversación telefónica- me pidió un prólogo para esta exposición, me comento escuetamente que se trataba de tres mármoles, una pieza de madera, una pieza de barro sobre madera, otra de chapa y madera y me aclaro que también iba a presentar en la muestra fotografías realizadas con la artista María Zorzón; imagine de inmediato que se trataría de fotos que documentarían el proceso de creación de las esculturas pero, cuando por fin me llegue al magnifico taller del artista en Villa Devoto, comprendí que se trataba de dos tareas absolutamente autónomas, aunque con profundos y sutiles vínculos (no documentales) entre fotografías y esculturas.
Luego de pasar unas horas en su taller viendo las esculturas y las fotos, comprendí que hasta cierto punto, en ambos casos se trataba de lo mismo: apariciones; hacer aparecer lo oculto de la materia en el caso de la mayoría de las esculturas y hacer aparecer mediante la luz, en las magníficas representaciones fotográficas, escenas encontradas o previamente compuestas en distintos lugares del taller: un cajón atravesado por la luz, herramientas alistadas, bancos, un vidrio que capta los ventanales del taller y que aparece en muchas fotos
como un enigmático objeto, un corazón de vaca que en sucesivas tomas al fin aparece como un altar... en todas las fotografías el intenso juego de luces y sombras establece una oscilación extraordinaria entre lo visible y lo invisible.
Omar Estela que ya tiene un significativo camino en la escultura, ahora pareciera hacer surgir sus piezas de distintos impulsos: si se tratara de los mármoles hace sus creaciones con mínimas intervenciones que imponen apenas a la materia una forma racional (que sería el rastro de lo humano) para acentuar todavía más lo intocado, desocultando alguna cualidad intrínseca : el veteado que seguiría invisible sin el pulido, la línea blanca (de la
que el artista me hablo con emoción) que atraviesa el corazón de la piedra negra, o el canto rodado al que le impuso dos concavidades rectas que hacen un signo. Se desprende de estas piezas que, sin obviar el negativo
(el espacio) el énfasis ha sido puesto en la materia y la pieza apenas intervenida es el fruto de un meditado dialogo con la piedra. También la pieza de barro sobre la madera, es la revelación de otra materia, cuya blandura manifiesta otros matices. Por otra parte , con la versatilidad que siempre ha caracterizado la obra de este artista, vuelve a la madera con un impulso barroco para extraer de ella (un pesado lapacho) el banco que se evapora creando infinitos puntos de vista, haciendo del espacio en torno un protagonista tan importante como la propia materia. Con una perspectiva más conceptual construye una chapa que es copia fiel del piso de su taller, a la que le aplico sostenes de pasamanos, por los que hace pasar una rama también construida, que, con su mínima presencia provoca un sentimiento surreal.
Sin privarse del juego barroco, Omar Estela nos lleva del minimalismo de sus piedras al conceptualismo del pasamanos para hacer, junto a las fotografías que realizó con María Zorzón, una singular constelación de epifanías pues supo sacar a la luz lo oculto de la materia.